Tuesday, December 8, 2009

Afganistán y Kabul, primera parte

Más de una semana después de dejar Guatemala, aterricé en Kabul. De mi visita anterior recordaba un aeropuerto semi destruido, con aviones partidos por fuego de artillería, un par de helicópteros en despojos y un ambiente tenso coronado por montañas nevadas. Esta vez todos los aviones estaban en funcionamiento y no vi ningún agujero en la pista. Me interesé por las líneas aéreas aventurándose en Afghanistan. Luego comprendería que hay al menos cuatro líneas nacionales y además se arriesgan empresas de Pakistán e India.

El aeropuerto se encuentra como a quince o veinte minutos del lugar donde viviría. El nuevo y diferente entorno no permite tomar todos los detalles rápidamente, así que las impresiones se irían puliendo poco a poco, en la medida en que fuera comprendiendo la situación.

Por razones profesionales no debo externar opinión sobre asuntos sociales y políticos. Por el momento, guardo para mí todo eso y comparto lo que no viola ese compromiso.

La ciudad está organizada por zonas y sectores. Tanto la oficina como las tres casas de huéspedes que compartimos los empleados internacionales se encuentran en el sector Shahr-e-Naw, donde se concentran embajadas, alternándose con residencias grandes y muchos negocios. En vez de prevalecer el orden o el lujo relativo de las áreas de embajada, la imagen dominante es de barricadas, amurallamientos internos y externos llamados Hescos (no estoy seguro de que ese sea el nombre de las estructuras y no de la empresa que domina el mercado) y guardias fuertemente armados a la entrada de cada edificio.

Kabul tiene un sistema de parques públicos que ocupan manzanas o bloques completos, aunque se ven abandonados, poblados con árboles pero desprovistos de flores. Aun el asfalto, para no mencionar el resto, está cubierto por arena entre beige y amarillo, lo que le da un monótono toque cromático a todo, incluyendo el cielo. En tres meses, solamente un día vi cielo azul despejado.

Lo que aparece en el cielo todos los días son los helicópteros militares de y hacia el aeropuerto. En su camino van disparando bengalas, que sirven para confundir misiles orientados por calor. No conozco de algún ataque a tales aparatos.

Desde que la raza humana ocupó estas tierras, la diversidad étnica ha sido una de sus características principales. El país tiene partes áridas, zonas desérticas, regiones densamente montañosas o rocosas y partes con fértiles valles, donde descansa la agricultura. Las zonas áridas con pequeños valles fértiles están en el sur-oeste, centro, sur y sur este. El centro es montañoso rocoso, y en el norte se encuentran las montañas más altas y extremas, también con valles irrigables, que no irrigados. Grandes partes quedan aisladas unas de otras durante el invierno, porque la capa de nieve impide el paso. El derretimiento de toda esa nieve es lo que da lugar a las inundaciones que castigan rutinariamente a muchos valles, pero también es lo que permite sistemas de pequeños embalses aprovechables para la agricultura, y alimenta los ríos que finalmente alcanzarán el sur.

Culturalmente, los grupos étnicos se rehúsan a ser gobernados por un líder único y habría que leer la historia del país para conocer cuántas veces, y sólo en períodos cortos, ha habido un líder aceptado por todos. En ese respecto, recomiendo la lectura de “Afganistán, historia militar desde Alejandro Magno hasta la guerra con los Talibanes”, Stephen Tanner, DaCapo Press, 2009.

Kabul se encuentra en la zona de dominio del grupo mayoritario, Pashtún. Hay dos lenguas francas con raíces persas: pashto y dari. Uno encuentra afganos morenos claros, rubios, achinados, altos y bajos (en todas partes me toman por afgano…) La diversidad es grande y la población se maneja con códigos y rangos que sólo ellos conocen. En términos de religión, son musulmanes. El nombre oficial del país es República Islámica de Afganistán. Hay mezquitas por toda la ciudad y la vida está marcada por las tradiciones religiosas. Como detalle curioso, hay un judío en el país. Uno.

La última guerra lleva ya 36 años. Esto ha impedido el desarrollo económico del país, que carece de sistemas de gobierno a la manera de Occidente, tanto a nivel central como regional. Parece dominar la economía informal. En pocos de los lugares donde he realizado compras me han entregado factura. He comprado medicinas y por factura me han dado hojas de talonario de recetas o simplemente hojas con el nombre de la farmacia.

Las carnicerías exhiben animales enteros colgados en plena calle. El diesel se vende en las esquinas, donde se exhiben contenedores de cinco galones. Las panaderías hornean piezas redondas, como pizzas medianas o como lenguas de treinta centímetros. Las cuelgan en una vitrina para anunciar que el pan está listo. Cada panadería tiene regularmente dos tambos de gas de cien libras, y siempre se encuentran sobre la banqueta, fuera del establecimiento. La mayoría de todos estos negocios son individuales o familiares, sin los refinamientos que esperaría alguien acostumbrado a economías más dinámicas. A lo que no se han resistido es a los teléfonos celulares.

Los estilos de vida se mezclan sin problemas. Por las mañanas escucho las carretas tiradas por burros, y no es difícil encontrarse con rebaños de ovejas en alguna calle secundaria. Los negocios son atendidos por hombres. Las mujeres están sujetas a leyes islámicas y son bastante conservadoras. A pesar de que los talibanes no están en el poder, muchas mujeres continúan utilizando la burka, o vestido que cubre de la cabeza a la punta de los pies. En mi trayecto diario me encuentro con mujeres, niños y viejos pidiendo limosna. Hay esquinas donde los obreros desempleados se reúnen, instrumentos en mano, esperando que lleguen a reclutarlos. Contratistas externos opinan que la mano de obra nacional no está preparada para grandes emprendimientos.

La gente pobre vive sobre los cerros que rodean la ciudad, en casas de adobe. Los grandes cerros tienen murallas en los parteaguas o lomos más altos. En pocos casos cuentan con electricidad y agua entubada. En las calles hay sifones públicos y la gente baja allí a llenar sus recipientes. Las viviendas populares en las partes planas de la ciudad siempre están detrás de muros de adobe. Publicaré algunas fotografías sobre lo aquí relatado.

Estudios recientes afirman que dos de cada cuatro familias amanece cada día del año sin pan en su mesa. La esperanza de vida es la más baja del mundo, mientras que el país presenta las mayores cifras en la proporción de niños que mueren por causa de diarreas o por infecciones respiratorias, así como muerte de mujeres durante el parto.

Las enfermedades son devastadoras debido a la pobreza, escasez de servicios médicos y la enorme variabilidad climática. En un mismo sitio y año, la diferencia entre el día más cálido y el más frio puede ser de 70 grados centígrados o más. Imagínese estar a 50 grados y luego a menos 30. En un año extremo, el diferencial en Guatemala puede ser de 20 a 24 grados.

La población se queja de que la arquitectura tradicional ha sido sustituida por el estilo pakistaní. Las grandes casas de estilo afgano son cuadradas, de techos a dos aguas, gruesas paredes y diseñadas para los climas extremos. El estilo pakistaní es ostentoso, dominan las columnas decorativas, techos altos, detalles exteriores y vidrios de colores.

No termino de creer que Kabul tenga cuatro millones de habitantes. Simplemente no lo parece. Lo único que podría ofrecer evidencia de eso es el pesado tráfico en horas de trabajo. Es muy difícil avanzar, y gobierna la ley de la selva, pues no se respetan vías ni prioridades de paso. Según conocedores, la mayoría de conductores no posee siquiera licencia de conducir, y de allí que sea común observar choques y topones por todas partes, cosas que con frecuencia terminan en pleito. La policía parece tener suficiente con las amenazas de seguridad.

En cruces importantes, hay pequeñas rotondas desde donde un policía puede dirigir el tráfico. Le pregunté a un conductor porqué en las mismas siempre había un grupo de cuatro o más policías, si con uno bastaba. Me indicó que el que estaba arriba marcaba los altos y pases, y que los otros debían apoyarlo poniéndose frente a los autos para que se detuvieran o no tomaran contravía. Los he visto casi tirarse sobre el capó de los carros para que dejen de moverse cuando les marcaron alto.

La vida en Kabul es de una rutina que demanda paciencia y resignación, de lo contrario se haría más dura de lo que ya es. La seguridad es la preocupación número uno en cada momento, pues la amenaza de atentados explosivos es triste rutina. Fuera de la ciudad, los caminos están plantados con bombas anti-tanque y la movilización se ve restringida. La rutina que mejor va con la sobrevivencia es: de la casa a la oficina y de la oficina a la casa. Las oportunidades de socializar fuera del círculo diario son muy escasas y en todo caso momentáneas. La única manera de sobrellevar estas dificultades es manteniendo la misión por delante de las condiciones de vida.

Yo me siento tranquilo, motivado y desafiado para cumplir con las obligaciones que de buena gana acepté.

Tengo mucho más que decir, pero hacerlo ahora haría aburridas estas entregas. Abordaré temas específicos poco a poco, como las visitas a los vendedores de alfombras y el mundo que se descubre a través de ellas. Por ahora, el siguiente post será sobre lo vivido durante una corta visita a la fascinante India. Hasta entonces.

4 comments:

  1. Estimado Byron: Así son las cosas, pero te apuesto que los gobernantes, sus familias y sus amantes bajo esas montañas de trapos, no les falta nada y tienen hasta para tirar para arriba. Que Alá tenga misericordia del pobre pueblo. Un abrazo chapín, Chente.

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  2. Qué bueno que en un país donde la rutina demanda paciencia y resignación, usted esté motivado...

    Una duda que tengo es: si habitualmente es tomado por afgano (los de tez morena clara, me imagino), ¿necesitó aprender pashto y/o dari, o lleva algún traductor con usted en todo momento?

    Bueno... ánimo y siempre con cuidado. Saludos.

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  3. Cada entrega nos transporta al historicamente conflictivo Kabul.

    Sabes como se sienten los pobladores con que has tenido contacto sobre la situación, resignados, molestos...

    Cuidate.

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  4. Hola Byron, enterarme de esta situación me hace conciente que nosotros tenemos y vivimos en un paraiso, lo triste es que no lo reconocemos, gracias por sus comunicaciones y animo. Malu

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